Ponga un Abogado financiero en su vida.

November 20, 2017

¿En qué tipo de profesionales podrán confiar familias y empresas, para enfrentarse a la próxima crisis financiera? ¿Volveremos a atender los consejos de los mismos que causaron la última?

 

 

Como todos recordamos, la reciente crisis económica mundial tuvo su origen en una burbuja de endeudamiento, causada por la Banca (pública y privada) y por los Estados. Una década después, estamos inmersos en una lenta recuperación “a trancas y barrancas”, apoyada precisamente en los mismos vicios que originaron la crisis.

 

Ante la debilidad de esta recuperación, y la repetición de los mismos errores, la mayoría de economistas coincide en que pronto se producirá una nueva crisis financiera internacional (con similares, e incluso peores consecuencias que las anteriores). La única duda es el “cuándo”, y sobre todo, el “cómo” podremos enfrentar ese bache, de una manera sólida y fiable, más allá del consabido “patadón” hacia delante que solo aplaza los problemas.

 

Y es que, si algo hemos aprendido tras la última crisis, es que no podemos confiar en las falsas soluciones impulsadas por los Bancos y los políticos. Como se ha demostrado, estas consisten en simples “parches” que implican siempre meter la mano en el bolsillo de ahorradores y contribuyentes (expansión monetaria, aumento de impuestos, rescates bancarios…)

 

En suma, esta vez serán las propias familias y empresas quienes deben prepararse por su cuenta ante este próximo tsunami, buscando el máximo nivel de independencia y seguridad financiera. Lo cual requiere, como paso previo e imprescindible, incrementar nuestra cultura financiera para no volver a creer en cantos de sirena. Que nadie nos haga pagar el pato de nuevo, achacándonos ese supuesto pecado de “vivir por encima de nuestras posibilidades”.

 

Ahora bien: ¿en qué clase de profesionales podrán confiar familias y empresas, para lograr esa seguridad financiera? ¿Volveremos a cometer el error de atender los consejos de los mismos que causaron la crisis? ¿Pondremos de nuevo a la zorra a cuidar de las gallinas?

 

Mi trabajo en Banca durante los años de la burbuja, me permitió ser testigo directo de un sinfín de disparates financieros, que dieron al traste con el futuro de muchos clientes:

 

- Hipotecas para la compra de vivienda, por importe del 120% del valor de tasación.

 

- Hipotecas multidivisa, basadas en la pura especulación en divisas de extremo riesgo.

 

- Pólizas de crédito a corto plazo, para financiar deudas a largo plazo.

 

- Refinanciaciones hipotecarias, basadas en ampliaciones del plazo hasta los 45 años.

 

- Inversiones apalancadas en productos estructurados, con riesgo de capital.

 

- Inversiones de alto riesgo, financiadas mediante préstamos.

 

- Productos de ahorro indexados a índices y cestas, con plazos de garantía de hasta 5 años y nulo potencial de rentabilidad.

 

Estos mismos excesos quizás no vuelvan a repetirse, pero sí que se avecinan otros errores, igualmente perniciosos para ciudadanos y empresas, que nadie parece preocupado de prevenir:

 

- Burbuja de los bonos estatales, corporativos y high yield.

 

- Burbuja de la inversión en criptomonedas (bitcoin y otras)

 

- Burbuja de valoración en las bolsas americanas (S&P, Nasnaq 100, etc)

 

- Burbuja del trading y de la inversión en divisas.

 

La pregunta clave es: ¿en qué tipo de profesionales podremos confiar, para evitar caer en estas nuevas “trampas financieras”? ¿Confiarán ustedes para ello, en la independencia y el saber hacer de los empleados bancarios, de los brokers de inversión, de los agentes de seguros, o incluso de su actual asesoría contable y fiscal…?

 

Los clientes a quienes vengo formulando esta pregunta, me responden de manera casi unánime: ni la buena voluntad, ni la profesionalidad, ni siquiera la nueva normativa MIFID II, son capaces de compensar la importante divergencia de intereses entre las entidades y sus clientes. Casi todos coinciden en una misma sensación de “orfandad”, a la hora de encontrar un profesional a quien confiar sus decisiones financieras.

 

Al constante cierre de sucursales bancarias y de seguros, se une la creciente obligatoriedad de operar y contratar a través de internet (un canal que aprecian como rápido y útil, pero excesivamente frío e impersonal) Esto hace que visitemos menos nuestro Banco que los tanatorios, lo cual se verá aún más favorecido cuando Facebook y Google pongan en marcha sus planes de crear sus propias entidades on-line.

 

Aquí es donde cobra verdadero valor la función a desempeñar por los abogados financieros: una figura profesional que lleva varios años en expansión en España, gracias a su mayor garantía de independencia, su capacidad de asesoramiento integral y una probada defensa de los intereses de los clientes. Lo cual les faculta para contribuir al objetivo de incrementar la cultura financiera de la población española.

 

Para resumir en pocas palabras el rol de esta nueva figura, diremos que están llamados a actuar como consejeros financieros y “guardaespaldas” legales de los clientes, más allá de meros prescriptores de productos. Ello les obliga a conocer a fondo la normativa que afecta a los contratos financieros, además de las implicaciones fiscales y patrimoniales que conlleva su contratación. En suma, deben convertirse en asesores de cabecera de sus clientes, así como asistirlos en cualquier demanda o reclamación planteable ante las entidades.

 

En otros países, familias y empresas cuentan desde hace tiempo con este tipo de asesoramiento independiente, que combina la defensa legal y la gestión patrimonial. En España, sin embargo, aún estamos inmersos en un constante proceso de desbancarización, que no ha podido ser cubierto por las EAFIs (entidades de asesoramiento independiente), debido sobre todo a las restricciones normativas que dificultan su funcionamiento en el mercado.

 

Esperemos que estas barreras vayan desapareciendo, y que España se ponga pronto a la misma altura que otros países europeos, en lo que se refiere a la calidad de asesoramiento patrimonial. Los hechos demuestran que en nuestro país sobran vendedores dependientes, y faltan asesores independientes e integrales. 

 

Si desea descubrir los beneficios de esta clase de relación de confianza, pida una primera consulta gratuita con nosotros, a través de uno de los formularios que encontrará en esta página web. 

 

 

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